La hiperplasia benigna de la próstata (BPH, por sus siglas en inglés) es una próstata agrandada. La glándula de la próstata es parte del sistema reproductivo del hombre. En promedio es un poco mayor que una nuez. Está ubicada entre la base de la vejiga y el comienzo del pene. Rodea la parte superior de la uretra. (La uretra transporta orina de la vejiga hasta el pene.) Cuando la próstata se agranda, puede poner presión sobre la uretra y causar problemas para orinar.
La hiperplasia benigna de la próstata es uno de los problemas de salud más comunes en los hombres mayores de 60 años de edad. Otro nombre para este problema es hipertrofia benigna de la próstata.
En general, después que un hombre cumpla los 40 años de edad, su glándula de la próstata se comienza a agrandar. Al principio, a medida que la próstata se agranda, el músculo de la vejiga obliga a la orina a pasar a través de la uretra estrechada haciendo más fuerza. Como consecuencia, con frecuencia el músculo de la vejiga se hace más grueso y sensible, causando problemas para orinar, como por ejemplo la necesidad de orinar más frecuentemente. A medida que la próstata sigue creciendo, es posible que oprima la uretra aún más. Esto puede hacer que no pueda vaciar la vejiga completamente.
Muchos hombres con la próstata agrandada no tienen síntomas. Si tiene síntomas, pueden ser los siguientes:
En raras ocasiones, la hiperplasia benigna de la próstata puede causar infecciones de las vías urinarias. Si tiene una infección, es posible que sienta ardor o dolor al orinar. La hiperplasia benigna de la próstata también puede hacer que de repente no pueda orinar (retención urinaria aguda). Cuando esto ocurre, es una emergencia médica.
Su profesional médico le puede hacer preguntas sobre su historia clínica y sobre sus síntomas, sobre todo aquéllos que tienen que ver con la orina. Su profesional médico le hará un examen físico para ver si hay otros problemas médicos que puedan estar causando sus síntomas.
Su profesional médico le hará un examen rectal. Podrá palpar la próstata insertando un dedo enguantado y lubricado en el recto. Con este procedimiento su profesional médico podrá estimar el tamaño y estado de la próstata.
Es posible que su profesional médico analice su orina (urianálisis) para ver si hay sangre o signos de infección. Es posible que le hagan un análisis de sangre para ver si tiene problemas renales, o para medir el antígeno específico de la próstata (PSA, por sus siglas en inglés).
Es posible que su profesional médico lo remita a un urólogo para realizar más análisis. Los urólogos se especializan en enfermedades de las vías urinarias masculinas y femeninas, y de las vías genitales masculinas. Antes de comenzar un tratamiento para la hiperplasia benigna de la próstata, es importante comprobar que no tenga otro problema como el cáncer. También le pueden hacer estas otras pruebas:
Si tiene BPH pero sus síntomas son moderados, es posible que su profesional médico no le recomiende ningún tratamiento, fuera de uno o más exámenes al año para comprobar que no se estén desarrollando problemas más serios. Este programa de atención se llama observación de cerca. En algunos casos, los síntomas pueden reducirse sin necesidad de tratamiento.
Si sus síntomas comienzan a molestarle, o son un riesgo para su salud, su profesional médico le puede recomendar un tratamiento para la BPH. Se puede tratar con medicamentos o varios procedimientos.
Se han aprobado dos tipos de medicamentos para el tratamiento de la hiperplasia benigna de la próstata:
Como el tratamiento con medicamentos no es efectivo en todos los casos, los investigadores han desarrollado en años recientes una serie de procedimientos que alivian los síntomas de la BPH pero son menos invasivos que la cirugía convencional. Entre estos procedimientos se incluyen los siguientes:
La mejor solución a largo plazo para la BPH es extraer una parte de la próstata agrandada. La cirugía reduce la presión sobre la uretra y en general alivia los síntomas. El procedimiento quirúrgico más común para la BPH es la resección transuretral de la próstata (TURP, por sus siglas en inglés). Para realizar este procedimiento, el cirujano extrae solamente la parte de la próstata que está oprimiendo la uretra. Para ello, el cirujano usa un pequeño instrumento óptico y un bucle metálico insertado a través del pene. Un efecto secundario posible de la TURP es la eyaculación retrógrada, o hacia atrás. Esto quiere decir que el semen fluye hacia atrás en la vejiga durante el orgasmo, en vez de salir por la uretra.
En algunos casos se realiza un procedimiento llamado incisión transuretral de la próstata (TUIP, por sus siglas en inglés) en vez de la TURP. En vez de extraer tejido de la próstata, el cirujano pasa un instrumento a través del pene y realiza algunos cortes pequeños en la próstata y en la parte de la uretra que se une a la vejiga. Estos cortes reducen la presión de la próstata sobre la uretra, facilitando el paso de la orina.
Otro procedimiento quirúrgico usa un láser para destruir el tejido de la próstata que está causando el bloqueo. El médico pasa el láser a través de la uretra usando un citoscopio, hasta llegar a la próstata, y después libera varias ráfagas de energía de 30 a 60 segundos de duración. La energía del láser destruye el tejido de próstata y hace que se encoja. Como en la TURP, para hacer la cirugía de láser hay que administrar anestesia y el paciente se tiene que quedar internado en el hospital. Una ventaja de la cirugía de láser sobre la TURP es que la cirugía de láser causa muy poca pérdida de sangre. La recuperación del procedimiento también es más rápida. Pero es posible que la cirugía de láser no funcione si tiene una próstata muy agrandada. No se sabe cuánto duran los efectos de este tratamiento.
A veces hay que realizar cirugía abierta. Esto quiere decir que el tejido de la próstata se extrae a través de un corte realizado en el bajo vientre. La cirugía abierta se realiza con frecuencia cuando la glándula está muy agrandada, cuando hay factores que complican la intervención, o cuando la vejiga está dañada y hay que repararla.
En todos los procedimientos quirúrgicos le darán anestesia para que no sufra dolor durante la intervención.
Pregúntele a su profesional médico sobre los riesgos y beneficios potenciales de los medicamentos, la cirugía y otros posibles tratamientos. Es importante recordar que la cirugía para la hiperplasia benigna de la próstata no elimina el riesgo de tener cáncer de próstata.
Su problema puede mejorar, seguir igual o empeorar. Con el correr del tiempo, la hiperplasia benigna de la próstata puede dañar la vejiga o los riñones. Uno de cada 10 hombres mayores de edad tiene problemas urinarios serios debido a los efectos de la BPH. Si la BPH daña la vejiga en forma permanente, es posible que el tratamiento no sea tan efectivo.
La hiperplasia benigna de la próstata no es cáncer, y no parece aumentar la probabilidad de tener cáncer de próstata. No obstante, es posible tener BPH y cáncer de próstata al mismo tiempo.
Siga el tratamiento recomendado por su profesional médico.
No se conoce una manera de prevenir la hiperplasia benigna de la próstata. Es una consecuencia común del proceso de envejecimiento.